- Por H. Castro -
No conozco tu cuerpo, ni la luz de tu mirada, ni la magia que envuelve tu existencia, ni la sonrisa acariciadora de tu ser, ni tus labios deseosos de amor.
Pero conozco tu dulce poesía, tu secreta tristeza y la música de tu alma.
La impresión que te daré llenara el vacío de tu corazón.
Cerrarás los ojos y en el silencio de la soledad y escucharás mi voz.
La semilla de tu espíritu crecerá con la ternura de mis palabras, cuando te diga cuanto te amo tus venas sentiran la emoción de un corazón delirante y tu respiración se altera al sentirte poseida por mis besos.
Cuando despierte tu rostro me tendrás presente, y en las tardes bulliciosas de pasión y siesta estaré contigo, y saciare tus noches con mi música de selva.
Todo se iluminará después de escuchar mi voz, te lo prometo, cándidas melodías brotarán tan espontáneas, todo mi amor en dulces cnánticos celestiales.
Vendrás a mi como paloma encantada, deseosa de unir tu alma enamorada con la mía.
Y se fundirá mi corazón junto al tuyo, expresando la pasíón de este amor loco y puro, y culminando en la vida con alegres cánticos a tu oido.
Cuando el tiempo me pague con tus besos y si por un motivo se apaguen las noches perdidas, surgiré entonces, para dejarte de nuevo encendida.
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Un poco de poesía para el inicio de semana, total, ¿quien soy yo para negarme al mundo?

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