viernes, 29 de agosto de 2014

Se me fue la Luz

Cada 28 de Agosto después del medio día, buscaba el momento en el que sabía era la hora del café, la plática y poder llegar a interrumpirla, antes de irme al folklor era imperdonable llegar a un Oxxo (de esos que nadie conoce) y adquirir a los cómplices.

Yo llegaba con el regalo especial, una notita (que muchas veces fue escrita en una hoja de cuaderno, el recibo de compra o en algún volante publicitario callejero) y una rosa; los pasos huecos entre los escalones de madera para subir a su puerta y el escuchar las voces ya me hacían sonreír, a esa hora sus hermanas la acompañaban, mi visita era breve pero muy específica.

Le daba un abrazo enorme de cariño, un beso tronado en su mejilla y sus detallitos, mientras ella se contoneaba como pavorreal colocándolo en el extremo de la mesa donde ya tenía otros obsequios por parte de mis primos que le habían hecho llegar en el transcurso del día.

El presumir siempre fue su debilidad, pero lo hacía tan a su manera que evadía la arrogancia, su naturaleza era hacer muestra a sus hermanas (específicamente a ellas) de los halagos que le hacían sus hijos, sus nietos, sus bisnietos.

Su enorme sonrisa la delataba, la alegría del corazón le salía por los ojos y yo esperaba la frase de años: "AY MI'JITA, BIEN QUE SABES CUANTO ME GUSTAN, LOS VOY A GUARDAR", un abrazo más para que su olor se me impregnara y el beso se repetía antes de irme sin mayor interrupción.

Ay Nani, ¿a dónde te me fuiste para llevarte los Rafaello?



Lo que pasa es que la Annie está pachichi, está pachichi y quiere mimo.

miércoles, 27 de agosto de 2014

No te enamores



No te enamores porque saldrá con la luna, con la bohemia y la música .
No te enamores de una mujer así porque siente y se apasiona demasiado, no podrás detenerla.
No te enamores porque en su delirio, y locura nunca podrás contenerla.
No te enamores de una bailarina porque es intuitiva, perceptiva, ella sabe lo que piensas, lo que sientes, y lo que deseas.
No te enamores porque ella siente antes de pensar y no podrás cambiarla.
No te enamores de una bailarina porque le gusta abrazar, cerrar los ojos y dejar que sus pies dibujen el recorrido de su alma y si le quitas ese placer la dejarás inválida.
No te enamores de una mujer así porque sabe donde pisa, a donde va, lo que quiere, no podrás subestimarla, ni controlarla.
No te enamores de una bailarina porque puede llorar sin causa o reír a carcajadas, bailando así como haciendo el amor, y no podrás callarla.
No te enamores de una mujer así porque vuelve su danza en energía emocional que te quemará las entrañas: te hará odiarla y amarla al mismo tiempo.
No te enamores de una bailarina porque nació con un espíritu soñador.
No te enamores una bailarina porque solo podrás amarla eternamente.


Por Jorge López.

Desde la butaca.

jueves, 21 de agosto de 2014

Le finish.

Es el respiro, el suspiro, la palabra precisa, la sonrisa perfecta, compartida y, aunque suene a canción de Silvio Rodríguez, me pone titiritosa de emoción saber que HE REGRESADO, tan sencillo como esto: LA MAESTRÍA TERMINÓ y no soy inmensamente feliz por concluir los estudios (eso debía suceder y punto), relincho como caballito de Pedro Domecq porque de nuevo podré ser la más feliz haciendo de las letras los recuerdos más significativos, ya estaré dandole orden a la carpeta de imágenes pendientes que, efectivamente, se llama: VENGANOSTUREINO y que han esperado dos años a que pueda hacer uso de ellas en cada nuevo post. (Como se podrán dar cuenta, no he puesto puntos y seguidos, osea, la emoción se ve también en que escribo y escribo y escribo sin pausar los párrafos).

La taquicardia se hace presente, siento la toga sobre mi, pero mejor me sabe sentir el poder tener una taza de café, mis lentes y pensar en tantos de los temas que anhelo desmenuzar.

No más retardos e incluso, la sonrisota ante el monitor por saborear cada nueva redacción.

¡Bienvenida Annie, [suspiro] bienvenida a casa!



El amor nunca se muere, solo cambia de lugar.

sábado, 16 de agosto de 2014

¡Vuela alto!

Cuando era pequeña miraba por la puerta de la cocina cuando los pichones bajaban al patio de pasto que tenía la casa de mis Papás. Mi Mamá me repetía su nombre para poderlo pronunciar pues apenas comenzaba a hablar, desde aquel momento lo tomé como propio, mi gusto por las aves se había agudizado y entonces me hacía llamar como ellas.

Al paso del tiempo esa peculiaridad en mi desapareció, había crecido y a todos se les había olvidado aquel simpático sobrenombre.

Años después lo volví a escuchar, era curioso que para mis sobrinos tengo sobrenombres (siempre me cambio el nombre, muy a lo Joan Sebastian) pero particularmente el que me lo pronunciara de nuevo hacía que regresara a esa escena de mi, tan pequeña que no tocaba la chapa de la puerta, viendo hacia el patio.

Ver partir a las aves me hace figurar que, si bien es cierto, todos en algún momento lo haremos.



¡Vuela alto, hasta donde quieras!

Atentamente.

Anabel Paloma.