Es el respiro, el suspiro, la palabra precisa, la sonrisa perfecta, compartida y, aunque suene a canción de Silvio Rodríguez, me pone titiritosa de emoción saber que HE REGRESADO, tan sencillo como esto: LA MAESTRÍA TERMINÓ y no soy inmensamente feliz por concluir los estudios (eso debía suceder y punto), relincho como caballito de Pedro Domecq porque de nuevo podré ser la más feliz haciendo de las letras los recuerdos más significativos, ya estaré dandole orden a la carpeta de imágenes pendientes que, efectivamente, se llama: VENGANOSTUREINO y que han esperado dos años a que pueda hacer uso de ellas en cada nuevo post. (Como se podrán dar cuenta, no he puesto puntos y seguidos, osea, la emoción se ve también en que escribo y escribo y escribo sin pausar los párrafos).
La taquicardia se hace presente, siento la toga sobre mi, pero mejor me sabe sentir el poder tener una taza de café, mis lentes y pensar en tantos de los temas que anhelo desmenuzar.
No más retardos e incluso, la sonrisota ante el monitor por saborear cada nueva redacción.
¡Bienvenida Annie, [suspiro] bienvenida a casa!
El amor nunca se muere, solo cambia de lugar.

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