sábado, 16 de agosto de 2014

¡Vuela alto!

Cuando era pequeña miraba por la puerta de la cocina cuando los pichones bajaban al patio de pasto que tenía la casa de mis Papás. Mi Mamá me repetía su nombre para poderlo pronunciar pues apenas comenzaba a hablar, desde aquel momento lo tomé como propio, mi gusto por las aves se había agudizado y entonces me hacía llamar como ellas.

Al paso del tiempo esa peculiaridad en mi desapareció, había crecido y a todos se les había olvidado aquel simpático sobrenombre.

Años después lo volví a escuchar, era curioso que para mis sobrinos tengo sobrenombres (siempre me cambio el nombre, muy a lo Joan Sebastian) pero particularmente el que me lo pronunciara de nuevo hacía que regresara a esa escena de mi, tan pequeña que no tocaba la chapa de la puerta, viendo hacia el patio.

Ver partir a las aves me hace figurar que, si bien es cierto, todos en algún momento lo haremos.



¡Vuela alto, hasta donde quieras!

Atentamente.

Anabel Paloma.

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