-Por Anna Luisa Loza López-
"Nunca olvidaré el día en que supe que vendría a este mundo, contába los días para conocerlo e imaginába como sería, de qué color tendría los ojos, si seria bajo o alto, si le gustaría jugar frontón como su Papá o ¿qué deporte preferiría?
Cuando nació su papa lo estaba esperando para fotografiarlo y captar sus primeros movimientos, ese día la familia no pudo dejar de sonreír, no podíamos creer lo hermoso que era, era perfecto ante nuestros ojos.
Nuestro más grande tesoro, lo conocíamos muy bien, de veinte niños que lloraban entre los cuneros, sabíamos cuando lloraba él, si lloraba de hambre, si tenía sueño o si estaba enfermo, cuando dormía lo contemplaba sin cansancio, no creía lo hermoso que era y lo rápido que crecía. Definitivamente el tiempo vuela cuando un bebé esta en nuestras vidas.
Al dar su primer paso fue momento histórico y no se diga cuando pronuncio sus primeras palabras, a partir de ese momento tuvimos orquesta en la cocina, no tenía mucho talento pero si mucha fuerza y persistencia. Parece fue ayer que los mire correr por la casa en su zapetita y su camiseta de tirantes, era tan fuerte que nos doblegábamos en un segundo.
Cuando cumplía sus primeros años, se emocionaba mucho al abrir sus regalos y darse cuenta que era un juguete y no ropa, recordábamos que tuvimos que comprar varios juguetes, envolvérselos para que se emocionara más. Cuando era el momento de pegarle a la piñata, se divertía mas jalando la cuerda de la piñata con su papá para que le pegaran los invitados, era incansable, parece que nunca pararía y de repente se apagaba y descansaba para prepararse a otro día de trabajo, su principal trabajo era hacer travesuras.
Cuando acompañaba a su primo Waldo al Jardín de Niños, le preguntaba a su tía Lorena ¿cuándo iba a poder entrar él?, tanta fue su insistencia que lo inscribieron y entro a los dos años y medio de edad. Su primer vocación fue la de bombero, siempre que miraba una manguera la tenía que poner en acción, tanto que tenía que llevar un cambio extra al Jardín y cuando no lo encontrábamos a la hora de salida, ya sabíamos dónde estaba y el por qué. Estuvo cuatro años en el Jardín y al final ya no quería ir, ya no estaba su primo Waldo con él y decía que ya había ido muchas veces.
Su mundo cambio cuando nació su hermano y es que eran tan distintos, el era muy ordenado, sabia cuantos muñecos tenia, cuantas pistolas, cuchillitos, sabia de quien era cada uno, se entretenía jugando horas, siempre escogía un líder y un motivo para poder pelear, acomodaba a cada soldadito en un lugar especifico, sabía muy bien lo que iba hacer y como lo iba hacer, le fascinaba armar legos y mantenerlos intactos y era ahí cuando surgían los problemas con su hermano, porque el llegaba y desbarataba todo lo que él había hecho.
Así como era de cuidadoso con sus juguetes lo era con su dinero, siempre ahorraba con esmero para poder comprar lo que él deseaba, era nuestro mejor prestamista y era tan bueno en eso que su mejor movimiento era cobrar, no se le olvidaba cuanto le debíamos y cuando le pagaríamos y siempre nos daba lecciones a todos de cómo ahorrar, eso sí, siempre con un fin.
La primaria creo que la disfrutó poco ya que por inmadurez de nosotros sus padres o circunstancias de la vida estuvo en dos colegios diferentes, pero al entrar a la secundaria se sorprendió muchísimo al tener el apoyo de sus papas para entrar a los torneos de ajedrez, realmente no pensábamos que le llegara a gustar a tal grado, tanto que a partir de ese primer torneo se puso en contacto con el Profr. Pablo Aguayo para que le diera clases, todo lo hizo él solo, pensábamos que se le pasaría pronto, pero al contrario, entre mas clases tomaba, cada día le gustaba más.
Entró al torneo y empezó a ganar, no saben lo orgullosos que estábamos de él, un cumpleaños le pidió a su papá que lo llevara a Ensenada a jugar un torneo, su papá le prometió para su cumpleaños y lo llevó, el torneo fue en sábado, se tuvieron que levantar a las cinco de la mañana para poder estar temprano en Ensenada, cual va siendo su sorpresa que al llegar al lugar donde era el evento estaba cerrado, "muy indignados" se fueron a desayunar su burrito XL, iniciaba el día mas agradable para él, entró a la categoría infantil y solo perdió un partido y fue en contra de la hija del organizador la cual había tocado una pieza y no hizo el movimiento, se enfado tanto al haber perdido el primer lugar, pero para nosotros era nuestro primer lugar, cada día que pasaba se hacía más diestro para el ajedrez, cada vez que había torneo lo llevábamos a participar.
Todo iba de maravilla, lleno de vida, sueños por delante, tenía 14 años, estaba en segundo de secundaria, siempre soñábamos que cumpliría 15 años y se lo festejaría, toda una quinceañera, motivo por el cual discutíamos porque él me decía que no, y yo le respondía que sí, que le festejaría a él porque yo no tenía hijas y él me respondía: "Si Mamá, está bien", en cambio su papá soñaba con tener cuarenta años de edad y hacer muchas cosas juntos.
Su papá recordaba cuando se ponían de acuerdo para irse a desayunar juntos, ahí afuera de la secundaria, en su restaurante favorito: con “La Güera”, mientras su papá llegaba a las doce del medio dia, él ya llevaba delantera con los tacos de carne con chile y la bebida favorita: Arizona Tea. La de decisión de él siempre era la mejor en cuanto a la comida.
No podíamos ser más felices en la vida, por fin me graduaría para ser Maestra de Danza y estaría tal cual me lo dijo en mi baile de graduación: "Mamá, por fin estaremos juntos".
En el baile de mi graduación se sentía un poco cansado, nadie se imaginaba que era el principio del fin.
Cada día que paso se sentía más cansado y con temperatura, nos acordábamos de cuando le dio apendicitis y lo tuvimos que operar de emergencia, esperábamos que fuera algo similar y lo llevamos con varios doctores, los cuales nos dijeron que tenía una infección muy fuerte, uno de ellos para descartar que tuviera un problema de diabetes le mando hacer análisis, grande fue nuestra sorpresa cuando nos pidieron que lo lleváramos con un especialista, un hematólogo fue quien nos indico que nuestro sueño no era una pesadilla, le diagnosticaron Leucemia Linfoblastica Aguda, no sabíamos con exactitud que era la enfermedad, pero lo único claro es que tenia Cancer.
Ese día no le dijimos nada, buscamos una segunda opinión, pero antes de ir al doctor, él presintió que algo andaba mal, sabia bien que su papá nunca le mentía y nos dijo: "¿Verdad que no tengo Leucemia?", no sabíamos como lo intuyo y no tuvimos más alternativa que confirmar su sospecha, ese fue el día mas horrible de nuestra existencia, no sabíamos qué hacer ni que decir.
Ese día nos dió una clase de madurez que nos rompió el corazón pues nos dijo: “Que bueno que fui yo y no mi hermano, él no podría con esto".
Al día siguiente en la consulta que tuvimos con la doctora, le dió el diagnostico a él, al cual contestó: "Así me gusta Doctora, que me digan la verdad", vaya sentimiento encontrado, catorce años de edad y seguía dandonos muestra de fortaleza. Ese viernes la doctora nos dijo que fuéramos hacer lo que teníamos pendiente porque lo teníamos que internar, pero nuestro único pendiente era nuestro hijo, esa misma tarde lo internamos y al cabo de cuatro semanas, estaba en remisión.
En el inter de la enfermedad fue un estira y afloja, ya que lo limitaron en su alimentación, se metieron en algo muy intimo de él, después de ahí aguanto muchos pinchazos de inyecciones y siempre repetía: "Que bueno que fui yo y no mi hermano", solo él tenía derecho sobre su hermano, aún sobre lo único que no pudo superar dentro de su padecer: la pérdida de su cabello.
Paso el mes de Julio, Agosto y Septiembre y regresó a la secundaria, pero por muy poco tiempo, ya que en Octubre empezó a tener problemas de la vista y fue señal de recaida.
El mundo era mas chico de lo que ya parecía.
Nuestra última opción fue el trasplante de médula, pero nadie fue compatible, no saben cómo sufrimos por eso las esperanzas de vida cada día eran menos, durante ese proceso tuvimos que darle radiaciones en Tijuana, meses que estuvimos hiendo y viniendo. Él y su papá se divirtieron muchísimo, comían lo se les antojaba y miraron más películas que en toda su vida.
Una vez que acabaron en Tijuana las radiaciones, lo preparamos para el trasplante de alguien no pariente en Monterrey, un día en Enero en aquella ciudad fueron él y su papá para empezar la pre-operación, todo iba bien pero el donador tuvo problemas, mientras se realizaban análisis y preparativos se deleitaban el paladar con la comida regia. Cuando finalmente nos confirmaron que el donador no era apto se regresaron a Mexicali donde lo recibimos con un festín como a él le gustaba, toda su familia y pudimos celebrarle sus 15 años.
En Abril tuvo otra recaída, esta vez, solo la doctora y su papá lo supieron, la doctora lo volvió a poner en remisión y lo preparó para lo del trasplante, pero sus posibilidades de vida eran solo del 10%, muy pocas para muchos, oro puro para nosotros como familia, valía la pena intentarlo, solo la FE en Dios nos movía.
Antes de ser internado se gastó su dinero en juguetes y juegos de video para su aislamiento, los días pasaron lentos y no había indicio de enjertación él ya estaba cansado, desesperado y decaído.
Lo visitaron sus tías y abuelas, su primo Waldo, su papá se separó solo unos días, regresó para traer a su hermano, los días que estuvieron juntos, jugaron como siempre lo habíamos soñado: Sin pleitos, no cabe duda que nunca es demasiado tarde, hasta nos dijo que su hermano si lo cuidaba bien y nosotros no.
Un día antes del padre los doctores me dijeron que las cosas no iban bien, llamé a su papá para que se regresara a verlo, su papá le llamo y le dijo que venía de regreso y le llevaba los Arizona Tea que le había pedido, por el camino su papá solo le pedía a Dios que lo dejara despedirse de su hijo, Dios había cumplido la petición de su papá, mi hijo lo esperó, dandole su último abrazo del Día del Padre.
El 20 de junio del 2005, una vez viendo como su luz se extinguía y ver todo su sufrimiento que había dentro de él, volvimos a pedirle a Dios, que esta vez le diera lugar en su seno y que le agradecíamos enormemente que nos lo hubiera prestado aunque solo fueron quince años.
Cuando Dios quiso llevárselo, sentimos un gozo porque ya estaba a su lado, una tristeza profunda por no poder tenerlo a nuestro lado ni un instante más.
No sé cómo puedo escribir, todavía no sé como sigo adelante, no tengo duda de que Dios existe y que TU mi hijo estas con él, ya te aliviaste, estas tranquilo y estas en el reino de Dios. Solo espero ser lo suficientemente buena para algún día volver a estar contigo para siempre".
El cielo debe estar de fiesta, con un cumpleaños completamente a tu gusto.
Te amamos Gustavo Antonio Romo Loza.
Tu mamá, hermano y todos aquellos que compartieron contigo una sonrisa.
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Annie dice: compartir una de esas sonrisas fue divino.