Se necesita tener un espíritu demasiado grande, bondadoso y feliz, para sacar la música de adentro e interpretarla en tan rústicos instrumentos. Esto, a pesar de ser parte de un ambiente tan negativo y aplastante.
A seres como estos hay que bendecirlos porque reparten alegría y nos ayudan a reafirmarnos en la creencia de que al espíritu no se le doblega.
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