domingo, 8 de febrero de 2015

¡Zorra!, ¡imbécil!

... entonces, fue cuando decidí hacer cosas un poquito diferentes, eso de la gente en el teatro me parece algo de alta alcurnia, me visualizo con aquel "uni-lente", el encopetamiento y viendo desde un palco especial.

Pese a mi ignorancia sobre musicales, la noche de anoche tuve la oportunidad de asistir a una puesta en escena en donde encontrar una paleta de colores muy escalofriante me hizo conocer una vertiente más de lo que es el gran TEATRO.

Una historia escrita por Richard O'brien's, en donde satirizar es uno de sus fuertes, hacer incapié en lo negro, lo rojo y lo pálido de sus rostros la hace una verdadera sensación de miedo, pero de ese miedo en burla, del que no te aterra, del que quieres más de "El show del terror de Rocky".

La creación de una nueva criatura con medio cerebro hace que la puesta en escena tome un giro un tanto cómico, donde las risas no se hicieron esperar, sin embargo, debo destacar algunos puntos particularmente:

1. El maquillaje es y será (por siempre jamás) la herramienta clave en una obra de teatro.

2. La diversidad de género no se maneja solo en la actualidad (ni porque Baja California sea el estado de moda por que personas del mismo sexo pueden contraer nupcias), me queda claro que desde hace -UHU- es un tema que se hace presente en cualquier tipo de arte y eso, eso es libertad (¿ven?, hasta Frozen la viene manejando).

3. Sería interesante que la literatura de mano entregada previo a un musical nos diera las letras de las canciones para irlas siguiendo como fan de los 90's cantando el cassette de Selena "Amor Prohibido". La literatura compartida durante la obra es de muy mala calidad, entiendo los convenios y patrocinios con los que se puede llegar a contar pero una cosa es "hacer el paro" y otra "hacer el favor", como quien dice, hagánlo bien, si no, llámenle a una Diseñadora que yo conozco, misma que escribe en un blog llamado "Venganostureino".

4. La interacción con el público es bastante interesante, no hablo del típico cliché en donde invitas a un asistente al escenario y le bailas como Gloria Trevi en tiempos Sergioandraderos, no, me refiero a esa parte en la que mantienes el interés del público hacia tus ojos, eventualmente es de lo más simpático ver al familiar de alguno de los actores dirigiendo al público como animador de En Familia con Chabelo diciendo algo como: -"¡De pie pues!, arriba arriba arriba"- son esos momentos en los que ya no se sabe si es bueno o malo pero te levantas aunque sea para ver al escenario sin impedimentos corporales.

5. ¡BRAVO! por la música en vivo, el riesgo se aminora al darse cuenta de la seguridad en cada soneto.

6. La apertura de Balvis López como Usherette/Magenta (por cierto, el nombre es fascinante para un diseñador) es garantía de un buen show, queriendo encontrar su característica melena roja, dió un cimiento fundamental a la obra donde su experiencia no fue rebuscada, los años no pasan por su voz y sin duda su natural sensualidad la hizo apropiarse del papel de inmediato. Que alguien le diga que cuando guste puede ser Jessica Rabit.

7. Claudio Cisneros como Brad (¡imbécil!) Majors y Luisa Fernanda Mejía como Vale (¡zorra!) Weiss  hicieron de sus modulaciones vocales y sus interpretaciones, una pareja que, sin duda, se necesita volver a ver en escena, queda claro que no se necesitan ser tan musculosos ni tener silicón en los pechos para dejar un buen sabor de boca. Pudieron aprenderse la obra de arriba para abajo, aunque la escena del timbre haya resultado de lo mejor.

8. El esperado de la noche sin duda fue Frank-N-Furter, estelarizado por Edvan Galván, quién desde bailar un "sombra aquí, sombra allá", verlo pasar por ensambles del Foro Dancístico de Ricardo Zavala, malla muy a lo Peter Pan y brinco olímpico en contemporáneo, destacó por lo que muchos carecen y pocos se callan: PREPARACIÓN. Lo que puedo decir al respecto es que no se necesita ser Yanis Marshall para bailar sobre tacones, el asunto está en hacer uso de la filosofía de Buz Lightyear y tan solo caer con estilo. De pronto parecía proyectarme al escuchar su dicción, sus modulaciones; y no lo digo por actuar en teatro, lo que pasa es que me se "La Sirenita" de memoria (diálogos, canciones, respiraciones, etc.) y era difícil pensar que Edvan lo podía hacer de otra forma, su maquillaje (a lo que sus rasgos faciales ayudan en un 80%) el apretón de corset y dos pares de tacones que hicieron de él ese travesti que la historia necesitaba, no podría imaginarme a otro. Apuesto por el riesgo, el compromiso pero sobre todo lo que conlleva diferenciar entre "hacer como que haces" y "sentir lo que estas haciendo".

Sin duda lo único que pudo dejar ante mi ignorancia sobre musicales fue alegrarme por tener una noche diferente, buen sabor de boca y una palomita con aplauso incluido a una obra que no solamente requiere de personajes, también de un respaldo para poder hacer el montaje: llámese bailarines, cantantes de cabina, coreógrafos, técnicos y colados.

Gracias a Roberto Martain por el atrevimiento, la seguridad en sus pasos hace que cada una de sus producciones nos ayuden a cultivar nuestro acervo teatral, donde el compromiso se demuestra, el esfuerzo y la buena voluntad.

Una producción de Mexicali Broadway.

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