Necesidad Inesperada
Hace unos dias, Gloria me dijo que aprovechando que Enrique se iba de vacaciones, ¿por qué no me iba yo también? (no habia pedido mis vacaciones a pesar de que abuso de la confianza que me tienen y me voy a bailar cada que tengo salida de baile, no tengo verguenza de plano), días antes David y Jannahí (amigos de Tepic) me habían dicho que si iría a su boda y que ¿cómo era posible me la perdería?, la cosa en un abrir y cerrar de ojos, estaba en perfecto acomodo para irme al día siguiente de haberlo imaginado, mi papá me dijo que me fuera y yo que me brincaban las patitas de emoción, me iría de viaje!. Público conocedor, los viajes me ponene bien happy, aunque sean aquí a Calexico.
Jannahí me ofrecía su casa y yo, sin entender la realidad por la que estaba pasando: ¡Me iría de vacaciones! la aventura, el temor, el riesgo, todo se combinaba en un dolor de panza medio adrenalinoso, de esos que quitan el hambre.
El primer shock del viaje: no llevar vestuario, una cosa bien exagerada de conflicto, en vez de esparcir mi maleta en otras maletas (como ya lo mencioné en el último viaje a Tepic), en esta ocasión en vez de 45 llevaba solo 17 kilos de equipaje, nada de sombreros, nada de tocados. Wow! eso si que se siente chistoso, como para reirme sola en la revisión de mi maleta.
Siempre que viajo, he pedido ir pegada a la ventana, (en autobús, avión o carro) teniendo poquita experiencia en eso de registrarme para volar, obvio no me dio miedo, mientras seguía pensando: "Que extraño, me voy así nomas porque si a hacer quien sabe que".
El nervio no hizo que lo Whitney Houston se me quitará y disfruté eso de caminar por la pista del aeropuerto en busca de mi Kevin Costner, solo me falto la mascada pero yo iba en toda la actitud, todita.
Al subir al avión me di cuenta que mi acompañanto (si mi acompañanto de viaje) tenía una cara de angustia así de las que hasta frunces la carita como de preocupación, ¿su nombre? Alejandro (si, sabemos que le saco platica hasta a las piedras, y siendo mucha mi emoción por ir a la annie-aventura no pude evitar preguntarle el porque de su cara). Él iba a Guadalajara a estudiar Medicina en la UAG en la que su abue es fundador y su papi médico, pues el pobre chiquillo con aquella tensión tremebunda, terminamos por platicar de como dos extraños en dos horas pueden hacerce no extraños, incluso me acompañó hasta que fueron por mi al aeropuerto y fue bonito que hasta su email me dejara, espero saber de él y su próxima vida tapatía.
Cuando llegué a Tepic fué como regresar a casa, por muy cursi que suene, a mi me gusta mucho lo nublado de Tepic, las calles de esas en las que no cabes y que en este viaje tuve la oportunidad de conocer a mis anchas, la casa de Jannahí, toda bonita, una casa del sur de dos pisos emplastada de fotos de ella porque obvio, la nena es única. Ella ofreciendome su recámara y yo, maravillada con mi viaje, no podia creer que al final del día no estaba en casa y dormiría en otra parte de mi país.
Ir a comprar mandado, el paseo diario, involucrarme en la vida de ella y ser parte de sus días, esos días, pláticas interminables y como para querer reestructurar el mundo, pláticas en las que viajamos y regresamos a casa solo por el simple hecho de quererlo hacer. Días de ensayo pesado, mientras yo, con mi bonafont viendo a gente hacer lo que yo hago por pasión.
Carito, Tanita, Rosy, Anita, y esa tremeda Zully que me hizo reir solo por verla correr, es un niño en el cuerpo de una niña!. A todas ellas las conocí en la medida que me lo permitieron y que pudimos reirnos por una u otra cosa. Son unas niñas que inspiran a sonreir.
Muchos días cociné y muchos días limpié, fue divino, estaba sola en compañía. Lavé trastes y ropa, era la esclava de Jannahí, juar. Un día me dijo que era su mami adoptiva y fue bonito, me sentí deschongada de maternidad y hasta le preguntaba si ya había comido, dice que la engordé pero nah! nada mas porque Meryta y David nos dejaron plantadas con cena y comimos cuatro dias spaguetti, que tanto es tantito.
Nunca nos falto la crema philadelphia ni el agua de sabor, una vida sureña muy interesante, como para querer seguir ahí, lejos y cerca.
Para el jueves se tenían que ir a Los Angeles a bailar, llevé a Jannahí en su carro al lugar de donde partirían y ocurrió lo que más temiamos: ¡ME PERDÍ EN EL REGRESO! Bendito sea Dios y Carlos Slim por el Nextel, ya que pude marcarle y que me orientara por el buen camino de la vida y del regreso a su casa.
Para el último día había vivido la majestuosa experiencia de irme al Centro, a comprar nada, simplemente a ver y volver a ver lo que no quería se me olvidara, esperando un pronto regreso.
Los olores, las texturas, el estar en un lugar que se siente, días nublados, mis favoritos. Un sueño vivido, en el que la única comprobación que tengo de que sucedió es mi teléfono y un montón de piquetes de moscos en mi cuerpo que terminaron haciendose moretes.
Un viaje alentador, un viaje de emociones, un viaje de aventuras, un viaje de reencuentro...

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