lunes, 10 de enero de 2011

Momentos

"Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer" -Sir Francis Bacon







...y el proceso sigue, el orden de ideas y de la mejor manera posible entenderlo poco a poco, disfrutarlo en el camino para no olvidar todo lo que abraza un pequeño momento de reflexión.

El problema no es tanto lo que nos pasa, sino lo que somos capaces de hacer con lo que nos sucede; a la vida llamemosla día, muchas veces se cree que un día es o muy complicado, o muy práctico, el punto considero está en terminar siendo asertivos la mayoría de las veces con la propiedad y aceptación necesaria para saber avanzar, si esto lleva tiempo, entonces enfoquemos nuestra paciencia en un soldado enmedio de una guerra, los soldados no salen corriendo sin razón gritando hacia todos lados sin buscar refugios previos, se dedican a prevenir, cuidan, estan alerta, pero no resultan pasivos al quedarse todo el tiempo en el mismo lugar, cuidan sus avances.

Durante mucho tiempo creí que la soledad era el fruto de un castigo, el tiempo una condena y el silencio la penitencia; me habría juzgado a falta de conocer a alguien que me juzgara tal cual lo hacía yo, convertía el sentido de admiración en una busqueda constante de alguien "a mi nivel" para que "entendiera" que era lo que hacía y me "convirtiera en su hoy" terminaba rompiendo mi propio paradigma por no merecer a alguien como tal, ¿quién soy yo para pedir?.

Curiosamente el único compañero que tuve siempre presente fue "el tiempo", terminé por aceptar que la soledad no era fruto de un castigo, el castigo no era una forma de vivir, las penitencias no existían, el mismo "tiempo" me vino a enseñar que las personas que necesitas llegan, que las situaciones cambian en segundos y que la reflexión puede llegar en las palabras de uno mismo escuchadas por alguien mas, la busqueda constante de alguien que me escuchara y me ayudara diciendome si iba bien o iba mal, el miedo a seguir avanzando y no hacerlo como era debido me convertía en una pacifica de lo aparente, hacer sin avanzar.

Ese "tiempo" lo noté cuando me cansé de buscar en silencio, me cansé de creer que estaba haciendo lo propio hacia mi, me cansé de pensar totalmente y luego de dejarme sentir por igual, sin un equilibrio, justificando en el "si te sientes bien, ahí quedate" sin tener derecho a pedir por miedo a los errores, el auto juzgarse. Ese "tiempo" me hizo ser aún mas solitaria, ermitaña, alejada, resguardada por la tranquilidad que se sentía, el recelo de que alguien mas lo notara y pasara lo que en muchas ocasiones: conocer, querer, decirlo y recibir un daño a cambio.

El "tiempo" y yo nos hicimos buenos amigos, nos acostabamos a ver peliculas sin verlas, jugabamos a entretenernos, conociamos personas que pasaban por el día y platicabamos sobre ellos, ese "tiempo" siempre me podía acompañar a los lugares que necesitaba, era mi invitado especial en bodas, cenas, reuniones de todo tipo, presentaciones del ballet, al tocar el piano; le preguntaba que si era celoso y me contestaba que no, que solo él sabía lo que hacía y que no me preocupara, sinceramente no confiaba mucho en eso y al pretender mover las piezas con mis propias manos me resultaba contraproducente, se complicaba todo de nuevo. Esa interacción se ripitió por años, el "tiempo" me dejaba ser, me cansaba y prefería dormir para no pensar, no medirlo.

Esos viejos amigos en los que uno confía. Con tantos años, lo que yo conocía como "tiempo" era algo así como el amigo allegado en el que al principio crees confiar, luego desconfías y terminas entendiendo que al creer conocer, rompes conceptos y entonces realmente conoces de esa manera y a su vez la confianza surge plena, sin analisis pendientes por intenciones equis.

Ese "tiempo" y yo teníamos esa sensación de conocernos muchos años atrás, interactuar en largos periodos, olvidarnos (segun yo) y volvernos a encontrar como si nos hubieramos visto apenas ayer, compartíamos la platica e invitabamos a la soledad de vez en cuando, todo se tornaba interesantemente confuso, sabía que debía fundamentarme para tomar opinión, mientras, seguía haciendo lo que durante muchos años me acomodaba, ver y observar callada.

Hoy por hoy, mi día se convierte en un racimo de antojos, la información resulta ser mucha, visualisemoslo: muerta de hambre y de cansancio, tengo tres opciones: una cama con colchas esponjocitas blancas, una mesa llenisima de comida deliciosa, ambas esperando por mi, ¿y la otra opción? seguir sentada en este escritorio, reconociendo que ese "tiempo" no es otra cosa mas que Dios siempre conmigo, sin haberme olvidado como yo creía, dejando que me cansara para él actuar, ordenando ideas, creyendo sin sentir, sin pensar.

Aprendiendo a vivir.

No hay comentarios: