Bastaba saber que a mis papás no les gustaba que pidiéramos triki-triki cuando todos los demás niños vecinos salían disfrazados y gritaban por toda la cuadra.
Esa vez se habían ido de viaje y nos habían dejado a dormir en la casa de los primos, la historia es sencilla, libertad al por mayor. Todo se redujo a:
1. Albercas de la calle I.
2. Ir a ver a Octagon al Auditorio de la Ciudad Deportiva.
3. Pedir dulces por todo el fraccionamiento donde vivimos.
Dulces sin límite, música en la sala, papitas, sodas, disfraces, bailar, bailar, bailar.
Carcajadas de nerviosismo, si nuestros papás se enteraban seguro recibíamos regaño; ella, solo ella, se había encargado de hacer el MEJOR HALLOWEEN DE TODA NUESTRA corta VIDA.
Desde que tuve uso de razón, mantuvo la magia de las fechas importantes (navidad, año nuevo, candelaria, pascua, cumpleaños, independencia, halloween, thanksgiving) y tal cual decoraba su casa durante todo el año, nos decoraba de su alegría, de su amor a la vida y de su afán por siempre tenernos felices ... independientemente de lo que pasara alrededor.
Ella nos mantuvo niños siendo niños y hoy, tampoco será la excepción.
Llevar su colorido en el corazón siempre será una buena gama de recuerdos.
No se puede extrañar a alguien que siempre se tiene presente.
Sigue volando Colibrí.

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