sábado, 14 de febrero de 2009

¿Cuándo llegaron sus 26?


A sus 4 años: se lanzaba contra su piñada de Himan, para que ningún niño le pegara, yo llevaba un vestido de terciopelo verde obscuro y medía no más de 80 cms. A la fecha sigo pensando que pudo ser muy buen ingreso para mi familia que me rentaran como enanita torera.

A sus 6 años: me invitaba a jugar en la tierra del patio al medio día en pleno mes de julio, yo moría por jugar con él y hacía lo que fuera por lograrlo; terminaba siendo su IVM... "ivm a traer una bolsa de plástico para hacer un lago en medio de la tierra con un puente de lodo, ivm a traer agua para el lago, ivm a traer los g.i. joe´s que estan en el mueble de abajo de la televisión", todo a cambio de que él jugara conmigo al mercadito con cosas reales: latas y cajas vacias que mi mamá desocupaba; nunca logré que jugara conmigo.

Fuí también su conejilla de indias en el proyecto "el carrito que mi papá nos enseñó a hacer", que consistía en la elaboración de un carrito con la base de llantitas de patines, de esos viejos patines de cuatro ruedas en forma de cuadrado y una base de caja de verduras, esas de las que parece que la madera tiene pelitos, de las que tienen tiradas en el ABSA (lo siento ficher-price, mi pá te ganó la patente). Siendo la fuerza bruta del equipo, habían atado el carrito a la bicicleta con una cuerda de las que mi papá usaba en los campamentos, Abel dirigía la operación pero todo se malograba al no tener un pasajero del tamaño de una caja de verduras del absa, era ahí el episodio en el que yo formaba parte de la fechoría, "me invitaron a jugar con ellos" y yo, caí en sus garras mercadotécnicas, me vendieron la idea y si, me subí a la caja de verduras del ABSA. Control y seguridad requería que yo tuviera una especie de cinturón de seguridad que me protegiera en caso de una catástrofe, ellos zig-zaguearon una cuerda en la superficie de la caja de verdurasdel ABSA de tal manera que yo no me saldría, él dijo algo como: "No vayas a poner las manos abajo porque las rueditas te van a cortar los dedos", entonces yo muy obediente me mantuve firme a las indicaciones, y el recorrido empezó. Bastaron tres metros para que, en uno de los desniveles que tienen las banquetas para meter los carros, la caja de verduras del ABSA dudara de seguir su camino y se volcara así como carro racing en la baja 1000... ¿y yo?... si, yo iba dentro de esa caja de verduras del ABSA, sería el colmo recordar cuantas vueltas dió, lo que si recuerdo es que quedé totalmente de costado sobre el pavimento y eso si, mis manos nunca se quitaron del lugar que a mi me dijeron, ¿y lo mejor? ¡nunca me salí de la caja!. Mis hermanos habían inventado un cinturon de seguridad hecho con una cuerda; mientras me desataban decían: "Y no vayas a llorar, si no, mi mamá ya no te va a dejar jugar con nosotros", ahí fue donde regresé a su lugar de inicio mi moño rojo con bolitas blancas y me quité la tierra de las rodillas, me limpié las lagrimotas y me metí a la casa haciendo como que nada había pasado.
A los 4 años creía tener estrategia para que mi mamá no se diera cuenta de los hallazgos pavimentales, era un hecho que a los cuatro años creía ser astuta, con todo y los calcetines rotos junto con las rodillas raspadas.

A sus 7 años: difícilmente me prestaba su bicicleta roja, esa a la que le había quitado las llantitas estrategicamente con tal de no donarmela.

A sus 15 años: tenía prohibido hablarle en la secundaria, me decía que me fuera sola a pie si es que quería irme antes a la casa.

A sus 18 años: me explicaba que era lo que un hombre quería de una mujer y que era muy mi problema que quería hacer de mi y mi cuerpo, solo que no dejara de arreglarme las uñas, de preferencia pintarmelas de rojo para rascarle la espalda.

A sus 25 años: fue quien me hizo fuerte ante la penumbra de mas de trescientos temblores en Mexicali, era quien me abrazaba, quien dormía conmigo (junto con Diego y Abel) y quien le daba cran cran a la lámpara de dinamos que mi papá me compró porque se iva la luz y me daba miedo.

A esa misma edad decide dar un paso en su vida, de esos pasos que pocos se atreven a dar en el 2009: agregarle a su apellido el pronombre: "Sr."

El tiempo, la edad y las circunstancias de la vida me hicieron entender su caracter y la forma de vida que el quería tener, al punto de concluir que:

Si soy entregada en lo que hago, trabajadora (a veces), perseverante y algo arriesgada, es porque Dios, la vida y mis papás me dieron un hermano como Luis Carlos.
El mejor ejemplo de hermano mediano en esta tierra.
¡Feliz cumpleaños Negrito!

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