miércoles, 3 de junio de 2009

Vuela colibrí!

En 1989 me dió por enfrentar el miedo de "Sirvete agua directamente del garrafón" en la casa de mi Tía Ely, yo estaba en el Jardín en el que ella trabajaba y usaba medias gruesas color rojo en invierno como parte de mi uniforme, siempre saliamos del jardín e ibamos por mis primas a la Leona Vicario. Ese día el garrafón de vidrio del que intenté servirme agua se volteó y con él una fuente de agua. Yo sentí que era un Tsunami, recuerdo perfecto: había un arbol gigante afuera de su casa y mi tía Ely ahí colgó mis medias rojas para que se secaran en lo que mi mami iba por mi a su casa. Me dijo que no me asustara y que ella limpiaría todo antes de que mi mamá se diera cuenta, que no teníamos porque decirle.


En 1990, mi Tía Ely dijo que yo era la única niña que bailaría el Can-Can que sabía darse marometas asi de carrito y fue como mi primer solista, con todo y la bronquitis que me había dado dos dias antes, me aferré a que mi mami me llevara a bailar porque no podía faltar. Mi tía Ely me aplaudió mucho mucho.

En 1994, tenía la fijación y el reto de cruzar un pasamanos que había en medio del campo de futbol de la primaria donde estaba. Un día antes había mirado a Nadia Comaneci hacer de las suyas en el canal de Yuma, porque en ese tiempo no había cablemas, y yo iba inspirada a superar mi reto a la hora del recreo. Nunca había podido avanzar mas de la mitad de un pasamanos sin caerme, pero todo friamente calculado, es cuando tomé la desición a mis escasos 9 años de edad y subí a empezar la trayectoria. A la mitad del pasamanos me dí cuenta que los niños usaban ese pasamanos como portería, metieron un gol y me dieron un pelotazo en mis piernas y caí de boca al piso, me abrí el labio inferior. Me llevaron a la dirección y se hizo un pancho de aquellas. La única autorizada (mientras mi mami trabajaba) que podía ir por mi y llevarme a un hospital era mi Tía Ely. Llevaba su uniforme rojo con blanco y tenía su cabello agarrado en una cola de caballo hacia arriba con un broche con muchas piedras. No me dejó dormirme en todo el camino mientras me llevaba en su nova al issste a urgencias.

En 1998, a mis hermanos y a mi nos dejaron con ella y era Halloween, a mis papás no les gustaba que nos llevaran a pedir dulces. Ese día, mi Tía Ely nos llevó a pedir dulces y el perro de la esquina de la casa casi la muerde, nos escondimos en mi casa y no dimos dulces porque todos los dulces eran para nosotros. Ese mismo día nos llevó a las albercas de la calle I y no dejaba que me metieran a la alberca grande porque yo era la mas bebé. También nos llevó a la lucha libre al auditorio del estado y la Ely hizo una cartulina anaranjado fosforecente que decía: Octagon Te amo!. Nos tomamos fotos y quien sabe donde quedaron.

En 1999, nos llevó al Michoacán de Ocampo a patinar y comer carnitas. Estabamos en el parque del Museo del Asalto a las Tierras. Solo llevabamos un limón porque se nos había olvidado comprar. Nos venimos bien tarde y me dejó manejar su camioneta que decia el apellido de ella en la parte de atrás. Los primero viniles sobre vidrio.

En 2000, nos enseñó a jugar al burro tisnado en su casa y sacó su estuche de pinturas para rayarle la cara al que perdiera. La regla era: "Una sola línea nada más".

En 2003, supo que había entrado a Ehécatl y me dijo: Yo simpre quise bailar ahí. Cuando eso pasó, busque la manera en que ella pudiera ir a una función de teatro: logré que fuera el pasado Noviembre, cuando presenté el carnaval de mazatlán, ella dijo que sabía que yo era la de color verde.

Fiestas del 16 de septiembre. Su casa adornada según cada mes del año. Madrugadas y regaños por nuestros ataques de risa. El pavo su mejor platillo. La clase que me dió para hacer lasagna. Me regaló una corona de princesa porque cuando gané en xochicalco no me dieron nada. Me regaló un pastel de Lucy VanPelt en complicidad con mis primas. Como veinte años usó su cabello rubio y yo amaba sentarme en su cama altisima a ver como se peinaba: risos de esponja, spray, secadora. Sus aretes grandes y las lentejuelas en los sweters. Sus vestidos largos. Sus botas color bronce. La crema de las tres caritas que usaba para desmaquillarse decía que eramos mis primas y yo. Los intercambios en Navidad. El frijol atorado en la oreja de la Ely mientras mi tia hablaba por el telefono color rojo de su cuarto. El vaso amarillo gigante con mucho hielo y agua siempre que llegaba a mi casa. Las platicas y los matamoscasos. Su abrigo de mi Tía Elsita dorado. Los zapatos dorados tornasol!. San Felipe. Campamentos. La Rumorosa. Ensenada.


Tía Ely, ya me va a crecer el pelo como Niurka otra vez, te lo prometo.

Te voy a extrañar mucho, gracias por ser mi má todos estos años.

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