domingo, 25 de enero de 2009

Para recordar [ cuba 2008 ]

Conforme la memoria me vaya dejando, iré recordando unas cuantas anecdotas que sucedieron en el viaje que hice a la Isla de Cuba, al Festival del Caribe, masomenos por julio del 2008. En esta ocasión la victima es Anita, que indiscutiblemente se llevó acalorados aplausos.
Y diche achí:

Más de quince horas en autobús de La Habana a Santiago de Cuba, nuestro destino final en la gira por Cuba, era cansado y tedioso, no suficiente con eso, a Ana se le ocurrió tomar más agua de la cuenta y su cuerpo necesitaba deshacerse del exceso de agua que había ingerido hasta entonces.

El camionero se pasó una estación con baños, dos estaciones, tres estaciones y Ana decía: "¿Nó se va a parar?", cabe mencionar que yo iba dormida, si, para quienes no lo crean yo iba dormida, ¡pude lograrlo!.

Ana, ya con cara de angustia y dolor de vejiga en aumento, volvió a preguntar: "¿No se va a parar Señor chofer?"; consideremos que Ana hasta ese momento no había perdido los estribos y aún trataba con respeto a Don Chofer, mismo que en lo absoluto le hacía caso a Ana, su dolor aumentaba y yo entreabrí un ojo y pude ser testigo de que sus manos ya estaban en su panza así como aguantandose la piss.

Ana ya estaba de pie porque, a como se veía, la mujer en cualquier momento podría tener un accidentes pissistico; en eso, un absoluto silencio, unicamente el autobus en plena carretera, de esas carreteras que tienen muy verdes los alrededores y el cielo es bien azul, abrí un ojo como si supiera donde iba y fijandome para que no se me olvidara el camino por si algún día regresaba.

De pronto, en la tranquilidad del autobus y con todos los pasajeros dormidos y/o en silencio, un grito desesperado: "¡AQUIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!"... era Ana Luisa en su acto por sobrevivir al viaje.
-Toma panorámica- El camión frenando con motor, cuatro llantas y hasta las uñas de los pies del chofer, si de esas frenadas que te das contra el asiento de enfrente y regresas a tu lugar.
-Escena 1, toma 2- Ana Luisa corriendo por el pasillo y tomandose del respaldo de los cinco asientos que le faltaban para llegar a la puerta de bajada del autobús, un poco de papel sanitario entre sus manos y a pasos agigantados entre arbustos y matorrales. (Me imagino que es algo así como ver la luz divina).
-Escena 1, toma 3- Ana regresa al camión aún con cara de angustia, esta vez con un poco de enojamiento al haber sido victima de la impunidad sanitaria. (a estas alturas todos sabíamos que el baño del autobús no funcionaba, sumándole a eso que en el ballet tenemos la regla de oro no usar los baños de los autobuces cuando viajamos).
Al cabo de quince minutillos, llegamos a una estación en donde podíamos comprar algo para seguir en el viaje, Ana hizo un escandalo cabaretero entre los choferes de los autobuces que nos llevaban a Santiago de Cuba, les hizo incapié en que llevabamos personas de la tercera edad (otro grupo que iva compartiendo camión con nosotros) y que era necesario tener mas tacto al tratarlos pues podía suceder algo peor.
Lo mas gracioso de Anna Luisa PissHood (llámese así por ser la defensora de las vejigas de las ancianitas) fue que al haber mencionado que llevabamos a personas de la tercera edad, las viejitas escucharon su comentario y se ofendieron tanto que, los diez dias posteriores a los multiples eventos del festival, no le hablaron, le voltearon la cara y estaban a punto de meterle el bastón para que se cayera.
Ana Luisa entendió que en su afán por regresarle la vida a su vejiga no importa el como, no importa el porque, no importa el donde, sus pulmones terminan siendo sus mejores amigos ante angustias vejigozas de tercer grado.
Ana también comprendió que el hecho de tener unas arrugas en la cara al punto pacita, no hacen a las personas de la tercera edad y que mucho menos debe decirlo muy fuerte, así sea con fines en pro de la comunidad mexicana de ancianos.
Conforme pasaron los días y en convivencia con este grupo de "artistas mayores" nos dimos cuenta que eran solo un grupo de señoras chantajistas (y quien sabe si disfrazadas), Ana debe estar pensando que también debo mencionar que: las señoras se metían en las filas que hacíamos para la hora de comer, que empujaban y se hacían las sordas casi siempre. Esas señoras eran muy inteligentes: ¡eran viejitas cuando les convenía!.
En fin, entre su vejiga, su espiritu salvador y el cuidarse las espaldas por estas viejitas, supongo que Ana disfrutó el viaje, pero eso si, no más que yo.
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escandalo cabaretero*: se dice en el ballet así cuando uno dice lo que piensa en contra de la voluntad del director a gritos y sombrerazos en compañía del grupo de personas que este de parte del escandalero.
Ana ya no toma mas de 600 ml. de agua, sea cual sea la situación.

1 comentario:

Anna Loza dijo...

me encanta la manera tan chusco-objetiva que tienes para hacer de las vivenncias algo memorable, gracias amiga, attentamente ANA LUISA LOZA, la de la foto, jajaj